En la imagen, cuatro personas en un bar, cuatro botellas de cerveza, sentados en torno a una mesa. Una bandera española en la pared del fondo, junto a fotos del campo de fútbol del barrio. Juegan a las cartas
En la imagen, alegría y distensión en un barrio de clase baja. En la imagen, España.
-Y, ¿qué tal va el curro, Manolo?
Observamos como Manolo aprieta los labios y cierra los puños, aplastando las cartas. Manolo ya no tiene "curro"·
Ahora, en la fotografía, el salón de la casa. Sentados a la mesa, una mujer y un hombre degustan lo que parece ser una sopa. Llama la atención la austeridad de la casa. En la imagen, Manolo se siente sólo e inseguro junto a su mujer.
-Manolo, ¿mejor las cosas con tu jefe?
La imagen cambia. Parece ser que Manolo ha mascullado algo y se ha echado a llorar.
Manolo sueña que su pensamiento se cumple. Sueña que por fin el destino ha aceptado todo lo que tiene para darle lo que desea . Mira a su alrededor, en su mundo ideal y echa de menos alguien a quien poder contarle todo eso. Todo lo que deseaba se queda en nada.
En la imagen, el hombre despierta sobresaltado y abraza a su mujer. Un dormitorio de clase baja. En la imagen, desesperanza. En la fotografía, ilusión. El sueño fue una pesadilla, y su realidad, lo único por lo que vivir.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Filosofía abrumada por la realidad
Javier. Javier Hernández. Así me llamo, o me llaman, desde hace unos 60 años. Quizá 70. Probablemente, más cerca de esta fecha. Reclino el sofá y atiendo a los centelleos que la televisión, centro del salón, expande por la habitación. Son las 12 de la mañana. O puede que las 4 de la tarde. Conforme tus facultades mentales merman, tu nivel de actividad merma y tu edad se hace mayor, la pasividad provoca la pérdida de la noción del tiempo. Esto, unido a la oscuridad que provocan cuatro nubarrones, favorecen lo anterior.
Está lloviendo allá fuera. Suena mecánico, por lo que puede ser que Elvira esté fregando. La ventana, por las cortinas, no deja ver nada más allá. Y está demasiado lejos como para poder acercarse a ella y revisar el tiempo. ¿En qué momento me convertí en lo que soy? ¿Cuándo renegué del sí automático por el no sistemático? ¿Cuándo me negué a mí mismo?
Por mi nivel de cansancio, o mi deformada intuición, intuyo que puede ser jueves. Jueves. Día del baile en el centro de día.
En realidad, no sé que tiene de atractivo la respuesta negativa, el hacerse de rogar. Y hoy es de esos días, en los que con tal de que el mundo me haga un poco de caso, volveré a negarme. A negar mi realidad y mi inactividad. A rechazar la crítica. A limitarme a ver la vida pasar por lo cercano de la muerte. Yo antes no era así. Pero, ¿por qué?
-Hoy vamos al baile.
-No...
De pronto, un rayo de luz se cuela por uno de los agujeros de la persiana y da de lleno contra la retina. Lo que dura una milésima de segundo revive en mí el miedo a la muerte. Revive la juventud perdida. Miedo de mí incluso.
-Está bien, pero sólo por hoy ¿eh?
Y cuántos hoy quedarán.
Está lloviendo allá fuera. Suena mecánico, por lo que puede ser que Elvira esté fregando. La ventana, por las cortinas, no deja ver nada más allá. Y está demasiado lejos como para poder acercarse a ella y revisar el tiempo. ¿En qué momento me convertí en lo que soy? ¿Cuándo renegué del sí automático por el no sistemático? ¿Cuándo me negué a mí mismo?
Por mi nivel de cansancio, o mi deformada intuición, intuyo que puede ser jueves. Jueves. Día del baile en el centro de día.
En realidad, no sé que tiene de atractivo la respuesta negativa, el hacerse de rogar. Y hoy es de esos días, en los que con tal de que el mundo me haga un poco de caso, volveré a negarme. A negar mi realidad y mi inactividad. A rechazar la crítica. A limitarme a ver la vida pasar por lo cercano de la muerte. Yo antes no era así. Pero, ¿por qué?
-Hoy vamos al baile.
-No...
De pronto, un rayo de luz se cuela por uno de los agujeros de la persiana y da de lleno contra la retina. Lo que dura una milésima de segundo revive en mí el miedo a la muerte. Revive la juventud perdida. Miedo de mí incluso.
-Está bien, pero sólo por hoy ¿eh?
Y cuántos hoy quedarán.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Cosas que indignan (por no decir otra cosa)
A un día del encuentro de supervivientes (todos los lectores del blog estáis invitados, en el Caballo de la facultad de Medicina, mañana a las 21:30 h), me encontraba en la cama sin poder dormir. Y eso que trabajo de noche. ¿No os pasa de esos días en los que un pensamiento inútil os deja en vela, sin poder dormir, y que luego se lo contáis a un amigo y te entra la risa de lo estúpido que era? Pues hoy me encuentro así. El problema es encontrar a ese amigo para contarlo. Dado que no tengo dinero para un psicólogo, y menos para un amigo, escribiré por aquí esas cositas que a veces no te dejan dormir (o simplemente te sulfuran) y vas acumulando:
18. Que la actualidad se ocupe por trivialidades como el orden de los apellidos
Siento el tono lastimero de esta entrada, pero es algo que de verdad necesitaba. Continuaré con el contenido habitual del blog la semana que viene. Lo siento, de verdad.
- Mi turno de trabajo en la panadería es en el obrador. Acabo a las 6 de la mañana, hora en la que los primeros clientes llegan y yo me voy. Una señora que lleva viéndome todos los santos días que trabajo aquí siempre pregunta, en tono cuchicheo "así va la cosa en España, si todos los trabajos se los llevan los mismos".
- Añadir el calor insufrible que se pasa junto al horno.
- El frío que hace al salir.
- Pasarme de pie todo el trayecto desde Plaza Elíptica a Ciudad Universitaria. Añadido a esto, dejar pasar a alguien por tu lado por cordialidad y que te quite el sitio que llevas 7 paradas esperando.
- Pensar en todo lo que tengo que estudiar mientras intentas conciliar el sueño.
- Quedarte dormido mientras intentas estudiar.
- Que tras 5 horas de trabajo nocturno, 3 horas de clases y otras 4 horas de deberes, tus 4 horas de sueño sean para tus compañeros de piso ser un vago.
- Que no puedas fregar un día tu taza y nadie te haga el favor, teniendo en cuenta que estás pagando más de la mitad del piso con tu salario, del que no te dejan gastarte más que lo básico para el transporte amenazándote con echarte y dejarte en la calle.
- Que la única persona en la que confiabas de tu piso (y en realidad de aquí) te haya dicho que lo que te está pasando no es justo, pero es necesario y te ayudará a aprender (¿a sufrir? ¿Más?)
- Que se me salten las lágrimas cuando oigo hablar a la gente de su familia.
- Que esa gente diga que su familia es una pesadez.
- Que no pueda llorar a gusto porque no pueda llegar a estar sólo realmente.
- Que me sienta sólo.
- Que exista tanta distancia.
- Que no estés aquí, mamá.
- Que lo que empezó siendo el manual de supervivencia en el tránsito se esté convirtiendo en mi propia enseñanza.
- Que alguien más tenga que pasar por esto.
18. Que la actualidad se ocupe por trivialidades como el orden de los apellidos
Siento el tono lastimero de esta entrada, pero es algo que de verdad necesitaba. Continuaré con el contenido habitual del blog la semana que viene. Lo siento, de verdad.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Entendiendo el Estado de Bienestar: Del idilio democrático-conformista (Parte 2)
Concluía la entrada de ayer lanzando una pregunta, ¿qué es mejor? ¿El conformismo o la actividad política?
- El problema con el que nos encontramos a la hora de plantearnos una pregunta de este tipo es que es demasiado fácil caer en el estereotipo benevolente y parcial. Más fácil para mí sería decirles que debemos ser activistas, que no debemos conformarnos con nada. Que en la crítica se encuentra la razón y que no podemos ser ninguneados de esta forma. Pero, ¿dónde acaba lo sensato y empieza lo reaccionario? ¿Dónde la democracia por bandera y la barbarie por intención?
- Suele decirse que a grandes males, grandes remedios. Sinceramente, dudo que uno de los grandes remedios de esta sociedad sea el manifestarse y el jugarse todo a una carta. Más que nada, porque resultaría inviable. La pasividad actual, secundada por ciertos medios de comunicación (que lo dan todo hecho y evitan el pensar) y fundamentada en el consumismo impide el llevar a cabo una reacción en masa.
- A eso hay que unirle el sentimiento subyaciente del "más vale malo conocido". Por lo general, todos nos quejamos, pero nadie lleva nada a la práctica. Todo queda en un sí pero no. Y además, no interesa a nivel general intentar cambiarlo todo. La gente ha luchado mucho para conseguir lo que ya tiene, y lo que menos le importa es quien le diga lo que tiene o no que hacer. Se conforma para mantener una estabilidad que no admite como cada vez más inestable.
- Por otro lado, desde los altos cargos políticos se insiste en que la solución es la palabra (o diálogo). ¿Hasta qué punto? Porque hace poco ocurrió algo bastante curioso. En el Día de la Hispanidad se abucheó al presidente de gobierno. En lugar de admitir que esos abucheos vendrían por algo, se lanzó el debate acerca de si se deberían prohibir. ¿Estamos en serio? ¿Y dónde queda la libertad de expresión? ¿Dónde el poder de la palabra? Me imagino que si en lugar de abucheos se hubiera dicho al presidente lo guapo que es, ningún debate se habría llegado a plantear.
- Sin embargo, no podemos ser animales. No podemos llegar a la revolución armada. Esta lo único que trae es hambre, incultura y pobreza, tal y como planteé en la anterior entrada. Además, siempre puede llevar a la confusión de prioridades y al enaltecimiento de falsos ídolos. Algo semejante a lo que sucede en mi país, en el que con la excusa del comunismo, Chávez se dedica a expropiar terrenos y propiedades en lugar de gobernar conforme a los ideales que pregona.
- La solución es una revolución armada con la cultura. Una masa que se dedicara a culturizarse y les golpeara donde más les duele, en el bolsillo. Un grupo que renegara de la alienación que supone el consumismo y los medios. Redescubrirnos en los libros. Renegar de las modas. Aún así, esto no deja de ser más que una utopía.
- En conclusión: me quedo con la pasividad, si tengo que quedarme con algo. La única revolución que conocemos es la armada, y esta iba a acabar trayendo más problemas que beneficios, por lo menos a corto plazo. Hasta que sepamos que el arma más potente es la cultura, aún queda un tramo muy largo que cada vez se difumina más. ¿Qué puedo deciros que os sea útil a aquellos que acaben de llegar? Que no creáis a nadie y que miréis más de una vez y en fuentes distintas aquello que os quieran inculcar. Y lo más importante: no os dejéis convencer.
martes, 2 de noviembre de 2010
Entendiendo el Estado de Bienestar: Del idilio democrático-conformista
Sigo con mi serie Entendiendo el Estado de Bienestar. Hoy trataré un aspecto que llamará la atención en especial de aquellos compañeros venezolanos, cubanos o bueno, de aquellos países latinoamericanos de proclamas "comunistas" o pseudo demócratas. Así, allá voy.
Jefes de estado latinoamericanos
Foto Prestada: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgy3Idx7BY7nj9quu7-P0JlgVsJD0n-WVJ2VOjpB9f6dSHesER7KpCM19kr_RGEu5kRynnj_zDISzAGf9-Kbwh1XwsaoXkG-upDfQ02Jkx-n6JW_NFaE-DC1c1KlWGDc2JMdw7W-QDr2L8/s1600/presidentes-latinoamericanos-3.jpg
- Tal y como sabréis, en España el sistema de gobierno es una monarquía parlamentaria. Llegar a ella costó sangre (veasé la Guerra Civil), sudor (veasé la posterior dictadura franquista) y lágrimas (júntese lo anterior en una coctelera aderezado con una Transición). De esto se deduce que tal esfuerzo debió conllevar una política firme, de fuerte convicción, asimilada (más que con experiencia) con entusiasmo. Entonces, ¿a qué se debe la situación actual?
- Lo más curioso de la situación política española de la actualidad es que, atención: ¡los españoles odian a sus mandatarios políticos! Pero no a uno, ojo, es normal odiar a aquel que se encuentra en lo más alto, pues suele tomar las decisiones más polémicas, las cuales siempre se miran con lupa. No no, se odia a todo el sistema político en general. A todas las personas que lo componen... ¿entonces?
- Para llegar a comprender minimamente este sinsentido formado por el binomio "lucha por la democracia contra odio por el sistema" hice lo que a todos les haría falta hacer antes que mirar la tele: hablar con los demás. Así, un día en el trabajo (al que marcho en cosa de una hora), empecé a hablar con mi jefe. Más que nada, le pregunté que a qué se debía tal conformismo, y más después de los antecedentes de bravura del pueblo español respecto a temas políticos. Sabiamente, me respondió "¿y es mejor que estemos como por tu país, todo el día a tiros?". Muchos opinaréis que es inculto y racista. Pero, pensándolo friamente, ¿no tiene cierta razón?
- Es decir, por lo general en latinoamérica, las cosas han seguido el siguiente esquema a grandes rasgos:
- Tras la colonización, ciertos ilustrados se hicieron con el poder en aquellas zonas en las que ya no se confiaba en el poder del imperio español.
- Los americanos se encargaron de cederles unas bases democráticas y fortaleza contra el imperialismo europeo. Bajo mano, política económica y social invasiva.
- Los americanos, a su vez, con una mano delante y otra detrás, hicieron de oro a aquellos gobernantes, llegando a ser auténticos caudillos.
- Preparado el escenario, todos comenzaron a matarse: los unos por justicia, los otros por dominar. Momento de las conocidas revoluciones, los amados revolucionarios...
- El auge del comunismo llevó a dictaduras encubiertas (de las que hablaré en la siguiente parte) o a sistemas democráticos basados en lo que en España se denominaba pucherazo (gran término).
- Actualmente, muchedumbres sociales son víctimas del acoso de gobiernos tiránicos ya institucionalizados, lo que ha llevado a la guerrilla o la protesta abierta.
- En medio de cada punto sitúense muertos por guerras. Sitúese hambre. Sitúese el paso atrás que supone esa estúpida batalla por algo que debería suponerse dado. ¿O es que la libertad de voto no es un derecho humano más?
- Así, ¿qué es mejor? ¿La revuelta social de allá donde vengo? ¿O la pasividad que se respira por aquí? Respuesta en la siguiente parte.
Jefes de estado latinoamericanos
Foto Prestada: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgy3Idx7BY7nj9quu7-P0JlgVsJD0n-WVJ2VOjpB9f6dSHesER7KpCM19kr_RGEu5kRynnj_zDISzAGf9-Kbwh1XwsaoXkG-upDfQ02Jkx-n6JW_NFaE-DC1c1KlWGDc2JMdw7W-QDr2L8/s1600/presidentes-latinoamericanos-3.jpg
Sólo y rodeado de gente
- Sí, tengo un trabajo. Perfecto, un lugar donde vivir. ¿Os he contado que estoy cursando una carrera universitaria de las más demandadas en la actualidad, con unas salidas profesionales en pleno auge?¿Y desde cuando todo esto te puede hacer sentir más feliz?
- Porque a pesar de haberme forjado una vida por aquí, de sobrevivir al tránsito especialmente en el ámbito mental (lo físico siempre se hace secundario en la gran ciudad), ¿a quién se lo cuento? ¿Con quién puedo tomarme algo por aquí?
- Sé que debería sentirme agradecido, porque muchos de ustedes están en una situación mucho más agónica (si necesitáis un lugar donde dormir o algo que comer, siempre podéis buscarme). Y de hecho me disculpo con vosotros. Pero es que mientras luchas, no te fijas en lo que te rodea. Es una vez que consigues algo cuando de verdad puedes sentarte a mirar alrededor. Y lo frustrante es que ves que has luchado por nada, pues nada te rodea cuando miras a los lados. Y mirar hacia detrás no es una opción
- Mis compañeros de piso ya tienen sus amistades, gente con la que salir y demás. Por ello, siempre me acabo viendo sólo. Salgo a pasear, busco la mirada de la gente, y sólo se ve desconfianza. Rodeado de gente, sólo encuentro soledad. Ya no sé que pensar del racismo y de la no-adaptación. Ya no sé que pensar. Y he preferido no hacerlo.
- E insisto en el término inadaptado. La gente, especialmente de la universidad me ha tratado bien. Pero no llega más allá. Todo se queda en hola y adiós. Las sangriadas, las charlas, la cafetería son para los demás.
- Así que si os apeteciera, a los supervivientes que me leáis, podíamos hacer una quedada, para este viernes o sábado. ¿Comentad sin miedo eh?
Descubriendo a los colonos.
Hace ya algún tiempo, el día de la Hispanidad, hice una entrada en la que hablaba de la fecha y de mis sentimientos como español cuando harían unos 5 días que residía en la península.
Recuerdo que en ese momento, por ciertas actitudes, razonaba acerca de si, aquellos que nos "descubrieron" (aunque parezca mentira, existíamos antes) eran en verdad civilizados y nosotros en realidad indios. Hoy me gustaría profundizar en el tema.
Primero, es necesario aclarar ciertos términos. Eso del descubrimiento, el término indígena, colono, civilización... son conceptos que hemos asumido y por tanto no nos paramos a pensar. Pero en el día de hoy, ya en el S. XXI, sin tantos prejuicios religiosos (al menos no tan en la escena pública, ahora se limitan a subyacer) y sociales, hay que aclarar ciertos matices.
Así, si hablamos de descubrimiento, se debe hablar de ambos frentes. Colón planteó su viaje para encontrar una ruta más corta hacia la India y acabó recalando en las Indias. Por ello, tamaña fue su sorpresa al contactar con la civilización local. Sin embargo, ¿acaso no fue igualmente sorprendente para los locales el descubrir esa nueva civilización? Montaban sobre caballos, portaban armas y relucientes armaduras. Y apuntaban con el prejuicio, haciendo quemar la pólvora de la desconfianza antes de tiempo. Hubo un descubrimiento mutuo. Pero lo que hoy habría sido una "alianza intercultural" se convirtió en la mayor crisis de valores que ha sufrido la cristiandad.
El Evangelio se suponía universal. Las enseñanzas de Dios eran innatas y se encontraban en todos los hombres. ¿A qué maravillosa conclusión se llegó entonces, al descubrir que aquella sociedad desconocía la religión cristiana, por la que tanta sangre se había derramado en la Reconquista? Al inteligente razonamiento de que éramos animales. Y dado que ojos que no ven corazón que no siente, se limitaron a destrozar una sociedad que se había forjado durante siglos. El concepto indígena sirvió como venda. Los estereotipos acerca de sus costumbres hicieron el resto. "Si realizan sacrificios", "si van desnudos", "si no conocen a Dios". La mecha estaba encendida.
El problema fue la uniformidad que pretendía la cristiandad. El no entender que había algo más allá, no sólo en el eslogan "Plus Ultra". América no era sólo un continente más, con su oro y sus personas-animales. América era rica en cultura. Si bien había ciertas cosas que los europeos no podían entender y por tanto tildaban de maléficas, no eran más que eso: costumbres no entendidas.
Aún así, la que por entonces era la civilización más destacada llegó a Sudamérica. ¿Hubo cosas buenas? Pues... es difícil pensarlo. ¿Es bueno sacrificar las costumbres de un pueblo, su cultura, para una globalización? Tiene sus puntos buenos y malos. El problema es que en mi tierra esto se hizo mediante el expolio humano y material. No hubo un intercambio. Hubo un robo general y un derramamiento de sangre. Las cosas no se hicieron bien, por muchas vueltas que le demos al tema. Suerte que con el paso del tiempo, algunos se dieron cuenta de que teníamos derechos.
El epílogo de una cultura.
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